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Full text of "Caras y caretas n07 31 8 1890"

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CARICATURA S CO NTEMPORANEAS 

DOCTOR JOSÉ MARÍA MUÑOZ 


PRECIOS 


MONTEVIDEO Y DEPARTAMENTOS 

Un mea . $ 1,00 

Seta meaaa . , ,. * 5,00 

Un año.. , » 0.00 

exterior 

Los mismos precios, en moneda equivalente, con 
el aumento de! franqueo. 

Número corriente, 30 centesimos 
* atracado, eo » 

BE PUSUCA LO§ DOMINGOS 


Traspuso los setenta, sin mancilla 
que empañe su honradez acrisolada. 

Ha ceñido la espada y la presilla 
llegando á coronel, sin cobrar nada. 

Por un voto, no más, perdió la silla 
que el primero de Marzo es tan buscada, 
y boy preside ese Banco en que no brilla, 
desde hace mas de un mes, plata acuñada. 
(Nota: Aunque le exhibimos con patilla, 
usa, en la actualidad, barba cerrada). 


© Biblioteca Nacional de España 









CARAS 


CARETAS 


SUDIAniO 

Texto— por ísnatatmio Pullictír—*U g duelo», 
por Rafael Ramón Navario—^Epigramas*, por 
Jo&n Btiü—«Por seguí i- & un galgo* [Capitulo III), 
por Sansón carrasco—«Compromiso salvado** por 
Perez Urna—«¡Teatro s», ñor Cal Iba o--*Bee pieria- 
por A * Montaban — «Trapitos*, por Ron 
Jtian-“«Para ellas», por Mad. Polisson—«Osadas*, 
por Uiestro—"Sport*, por Pío—Menúdencías^-Co- 
rroep ondenoi a par ti cu lar—Esp ect&ca los—A visos. 

Grabados—«D octor José María Muñoz*—«Recuerdos del 
2 d de Agosto* y varios, intercalados en el texto y 
avisos* por SchüU, 




wra 






f 

Desde que m anuncie) ia llegada tic Mister 
Oliver, esa especie do Mesías Company, de quien 
todo lo espera nuestro estado tícttoómico, el que 
más y el que menos, se conmovió espontánea¬ 
mente, sin poder reprimir exclamaciones como 
estas, ó ¡parecidas; 

—¡Baring sea loado! 

1 Que las borrascas se apiaden de la hélice 
del Hemlimi 

¡Gloria k las madres que albergaron en sus 
e n t rañ as co 1 ocad ores tit> em p résti tos! 

¡Oh Mister ¿saltador, sin Tajas! 

Y muchas personas, no pudieron dormir ni 
hacer nada con cabeza, basta que el Htvelius 
entró en el puerto. 

Entre ellas debemos contarnos nosotros. 

Durante muchos dias, todo nos ha parecido 
Oliver y nos ha sabido k Olivar y nos hadado 
olor á Oliver. 

—¿No sabe V, que ha llegad o?--nos dijo dias 
atrás dona FU iberia. 

—¿Que liego, dice V.¥ ¿Con cuántos millones? 

—¿Millones? Hombre, no sea V. bromista; ha 
traído cuatro bolsas, que contendrán, á lo su¬ 
mo, unas setenta libras. 

— ¡Setenta libras! Pero, señora, ese emprés¬ 
tito se puede hacer, casi, sobre un gabán en 
buen uso, 

'—¿Y quién le habla á VtL de que las haya 
traído fiadas?RobJsindo Jo paga siempre al con¬ 
tado 

—¿Ro bi si n do 01 i v er? w 

—¡Qué Oli ver, ni qué j£\ 


W 


¡3KK 


niño muerto! ¿No sabe yT 
Y, que mi esposo se ape* ¡ A 

¡lida Churrasco? , l ; 

—i Ah i pero es su es- ; ; 

** —Sí, señor, mi espo- 1/ JKRB 

so. ¿Qué le extraña á 
usted? Todos los años 
compramos los porotos 

al mayor y como siempre salen mas baratos ira- 
yéndolos de afuera, por eso ha hecho el viaje Ra¬ 
bí siude. Yo le creí á V. enterado de que mi 
esposo estaba en Santa Lucía, 

Por fin, llegó el Hevelms yen é3, el Mister, 
como $e esperaba, 

Fueron muchos al muelle para presenciar el 
desembarque del mensajero hipotecario. 

Una comisión gestionó con la Junta de Sa¬ 
nidad, para que se suspendiese, por inútil, el 
requisito de visitar el vapor, antes de darle en¬ 
trada. 

Como argumento, daban el de considerar im¬ 
posible que se hubiera enfermado nadieábordo, 
viniendo con un agente de Baring. 

—¿Y sí trae algún atacado de cólera?—obje¬ 
taba la Junta á ia Comisión. 

—Será ¿e cólera por no haberle podido sacar 
dinero á ese inglés; eso le pasa á cualquiera 
que se le niegue un préstamo. 

—¿Y si trae algún atacado de fiebre amarillaf 

—Será de tanto haber mirado el color de las 
monedas que conduce. Peor es la fiebre par¬ 
dusca que nosotros tenemos, de pasar la vista 
por esos billetes inmundos. 

No se consiguió evitarla visita, pero, sí, que 
se hiciera breve. 


Cuando Mister Oliver puso el pié en el mue¬ 
lle, 3e agitó, con un murmullo de admiración, 
la multitud que lo esperaba. 

Por todas partes se oían estas exclamaciones: 
—¡Qué viejo simpático! 

—Tiene cara de cóndor ¿verdad? 

—iGomo le reluce Ja nariz! Debe ser de oro 
de 18 quilates. 

—¿En que balija traerá el préstamo? 

T otras por el estilo. 

Los mas entusiastas 
£ se arrodillaban á su pa- 

r— .. i r so como si hubieran 

L ^ visto en él al Hijo de 
fi NfS é,; Dios, disfrazado de ca- 
r ’ r t T ) 'fW óqut y gorra de dos vi- 
fíí^WpNri^ !¡f seras. 

AÍ ! J rafc’-ffi n]* Otros, desbordando 
Yyv* sa entusiasmo y su re- 
bórica. le vitoreaban, 
""haciendo frases de es- 
^ ,0/ te tenor: 

—¡Viva el arco iris de nuestra tormenta eco¬ 
nómica! 

—¡Hurra! á la panacea de la conversión. 

Hubo uno que dijo:—¡Viva la esponja deficien¬ 
te!— y como alguien le preguntase po\- ]o que 
Imb i a qu e ri do tí oc i r con es o, co u tos t ó; — P u es 
está bien claro; loque viene á enjugar el déficit. 

Mi s ter O J i ve r fue obj ote de mil i n te n ogato- 
ríos, más ó monos pertinentes. 

El primero que le visitó en el hotel fué un 
señor de edad avanzarla, pero nial vestido, 

—1 Js ted, eá el Sr, O i i v o ¿ v e i dad ? 

—Oliver, señor. 

—¡ A h! ti ene Vd. razón; le he con fu mi ido el 
apellido, por la costiluibre do llamar k un gua¬ 
camayo que tenemos en casa^ con ese nombre. 
—Usted dirá■ -, 

— Pues mi objeto era conversar con Yd. ¿Qué 
tal el viaje? 

—No hemos tenido novedad, 

—Sin e m lia rgo, veo q ue tiene Y, u n gran o 
muy rabioso, ahí, en el pescuezo. 

—; Psh! la sa n g re, n o es n a da. 

— No crea; mucho.s veces nos figuramos eso y 
después tesulta que son el comienzo de grandes 
enfermedades. A mi señora Je brotó uno igual 
en la espalda-perdone el modo de señalar—y 
por aquello de que no era nada, Je dejamos 
crecer, hasta que llegó a no cal jarle en ningún 
cuerpo de vestido. No sabe V. loque sufría la 
pobre para rascarse; lo tenia que hacer r Asiré* 
gando Ja espalda contra ios ángulos de los 
muebles, del misino modo que se rascan las 
ovejas. Si vá V. á mi casa, v erá todas Jas mesas 
desgastadas por las esquinas. 

—Dígame pronto lo que desea, porque el 
tiempo es ora. 

—Aquí, no señor, es todo papel y muy rlete- 
riorado; sin embargo, abreviaré, ¿Cómo dejó 
V. al señor do Baring? 

—Muy bien. 

—¿Y al ñr. de Brothers? 

—todos Jos hermanos gozan de buena salud. 

— (H,errnan os, he n \ 1 anos ....sí; habrá queiddo 
decir sócios). Pues yo, supe por los diarios que 
llegaba Y. hoy y me dijo Celedonia—Anda, 
vete, ti es pe ra r á use se ñor, y p roe 11 ra h ab tari e 
para ver si arreglas con él ese negocio. 

—Es Y. enviado por el Gobierno? 

—No señor, vengo en representación do un 
h erma n o d e lee h o de Ce 1 ed oni a. Yor á V.; él t io- 
ne comercio de alparga¬ 
tas y artículos de fon- j 

tasía, en un punto de la jg 

campaña, y hace dos m 

meses, de resultas de ^ 

una coz que le dio un 
bagual, inventó una 
especio de calcetín, ‘.r' 

que, ceñido á la pezuña i fJ; 
do cualquier animal, le ^ ¿ p v/jf ^ 

imposibilita de levan- . 
tar las patas á mas al¬ 
tura que la necesaria para andar. 

—¿Y cree Y, quo yo tengo necesidad de esos 
calcetines? 

—No es eso; es que mi cuñado tiene e! pro¬ 
yecto de explotarlos en gran escala y yo le 
he dicho que para eso, debemos hacer una so¬ 
ciedad anónima con dos 'ó tres millones de ca¬ 
pital. ¿No le parece V. que es lo mejor? 

—En efecto. 

—Soloque aquí no hay quien simpatice con 
el progreso, ni con nada que trascienda á de¬ 
sarrollo industrial. El otro dia fuí á pedir pla¬ 
ta para este negocio, á una persona que la tie¬ 
ne de sobra y ¿sabe Y, lo que hizo? 

—¿Qué? 

—Tirarme una salivadera á la cabeza y lla¬ 
marme atorrante. Válgale que estoy confeccio- 


□ tó una ... |TT ^S¿vi - / 

1 c e t i n, r * 


naudo á toda prisa los estatutos y que no me 
conviene perder el tiempo con la justicia, ¡que 
si nó! 

—Es todo lo que tenia que deri rme Y/i 
—Me faltíi Jo principal; quería proponerle 
que la casa Baring, tomara al firme todas bis 
acciones, quedándose, como es natural, con la 
parte de prima que convengamos. Mire Y., en 
esto no hemos de regañar porque no nos gusta, 
ni á mí, ni á Celedonia, ni á su hermano do 
leche, ser miserables. ¡Ah! y á ver -ó me podía 
Y. p res ta r a h o ra q u i n cc i p e sos á c u e n ta d e las 
a cci o n es 1 i be ra das q no nos co r res p o u dan. 

Al llegar á este punto. Mis ter Oliver se di¬ 
rigió rápidamente á un aparáte colocado debajo 
del sofá, y como recerdára su visitante lo que 
le pasó con ¡a otra persona á quien recurrió pa¬ 
ra acometer el negocio, puso en juego las tabas, 
diciendo, á la vez que 
¿ : “nl __ bajaba de cinco en cín- 

I i I . ^vnlSr/ co las escaleras de! 

Lr A - Hotel: 

EPS \ ^ — ■ Que t.üal)1 os te n drá 

i \\ \ ■ 'i’bffipf%; mi proyecto que á todo 
j el mundo .le entran ga- 

/ 7Í s Smj ñas do tirarme s aliva- 

¿r % u ., doras! 

it/M# , ,J... \\ Aunque do distinto 

^ ^ ~ ■'& género, Mister Oliver 

^ ha tenido en estos dias 

un si na din or o d e c en foro n c i as . 

La mayor parlo, fueron con el Gobierno y 
han servido de pábulo á diversos rumores de 
los optimistas. 

Primero se dijo que traía diez millones: des¬ 
pués, que í ] u i li ce, y ni a s t a rcl ti q u e ve inte. To¬ 
cábamos casi á un mi lion por cabeza. 

Pero ¡oh desencanto! ¿Bañen VY. lo único 
que b a resui 1:ado verdiu 1 ue tixl o eso? 

Pues, que Mister Oliver no ha traído mas 
que el grano rabioso del pescuezo, 

Eustaquio P bluobs 







En lujoso aposento, y prosternada, 
de Cristo ante la madre venerada, 
una dama de eélíca belleza, 
transida de dolor suspira yjeza, 
a veces levantando 
la preciosa cabeza, 
y con los oios fijos ee María, 
exclama sollozando- 
— ¡Salvadlo! Madre mía! 

Dos golpes, de repente, 
ia puerta hacen crujir de la morada: 
levántase b dama diligente, 
é irguiendo el talle airoso, 
grita con alegría, 

corriendo hacia la puerta;—¡Ese es mi esposo! 
—¡Alberto de m¡ alma! 

¿Eres tú? ¡Habla por Dios! ¿Eres mi Alberto? 
Cuanto he sufrido ¡ay! te creí muerto. 

¿Qué tienes? ¿Qué te pasa? Estás turbado. 

¿Vienes herido? ¡No, no me lo niegues! 

¿Cómo vienes, mi bien?—Algo causado. 

—¿Te batiste por fin?—Sí, me he batido; 
el ultraje á tu honor, está vengado. 

—Y dime, dulce esposo, 

¿qué ha sido del ¡úfame 

que procuró turbar nuestro reposo 

con sus viles promesas y regalos? 

—Allá entre un matorral quedó tendido. 
—Muerto ¿verdad?—No esposa, nó, rendido,.., 
de darme tantos palos. 

Rafael Ramón Navarro 

BPÍGRAMA8 

—Ayer, en un ventorrillo 
Me dio un reloj Bernabé; 

—¿De pared ó de bolsillo? 

—Cá, no señofj de plaqué. 

Ciara, la hija más hermosa 
De Juan Boya, se casó 
Con Gil Cristal, que heredó 
Lina fortuna cuantiosa 
Y la prensa en general 
Conto la boda efectuada, 


Llamando á la desposada 
Clara Boya de CristaL 


John Buu 


© Biblioteca Nacional de España. 





— No hay nada, repitió j&irrC' 

este.“Es un agujero de <ípjyl J/v 

un pié de largo í lo mas, ^ , Í«j v 

todo rebocado, y está com- T w y, \ X 

pletamente vacío, AjX, ¡JL \~\ 

Quijano apartó al agente ? ím " Xá- 

se puso de rodillas en el ** J$L 

suelo, y empezó i registrar 
á su vez.—De repente le- 
vantó la cabeza, y pro- A? 
guntó: 

—Comisario ¿cuantos fósforos encendió usted? 

—Uno solo^ señor. 

—^Y lo dejó caer dentro del agujero cuando lo 
apago? 

—Sí, señor. 

—Pues aquí he encontrado tres fósforos, lo cual 
significa que otra persona ha andado registrando este 
escondite, y eso ha sido hoy mismo. 

—¿Y cómo lo sabe usted?—preguntó el Juez. 

Quijano sonrió, y mostrando las cerillas al funcio¬ 
nario judicial, le dijo; 

—Fíjese usted, señor Juez, las pavesas están blan¬ 
das todavía, lo que demuestra que hace muy poco 
rato que fueron apagadas, porque de otra manera es¬ 
tarían tiesas y quebradizas. 

El hábil gefe de pesquisas reconstruyó inmediata¬ 
mente la escena que había ocurrido, con esa perspica¬ 
cia adquirida en largos anos de rastrear el crimen. 

—Es indudable—dijo—que se trata aquí de una 
venganza de familia, Don Andrés conocía perfecta¬ 
mente á la persona ó personas que entraron anoche 
en su cuarto, pues,deotra manera, hubiera dado gritos 
de alarma. Fíjese usted, señor Juez; aquí á tos pies 
déla cama, ha estado sentada una persona. Se vé cla¬ 
ramente porque las cobijas están hundidas* Proba¬ 
blemente le han exigido a don Andrés la entrega de 
papeles importantes de familia, que éste se ha negado 
á entregar, y entonces lo han agredido, obligándolo á 
confesar donde tenía el escondite. Una vez obtenida 
la confesión, lo han asesinado, para evitar que denun¬ 
cíase el secuestro, y han tomado los papeles de ese 
agujero, donde se vé que 3a victima los guardaba con 
mucho cuidadp. No se trata de un robo común, por¬ 
que no han tocado para nada Sos obj-etos de valor que 
don Andrés tenia. Para mejor cerciorarnos, ron- 
vendrá, señor Juez, proceder a un registro general de 
todos los muebles, empezando por ese escritorio vie¬ 
jo, que es donde deben estar guardados los papeles 
particulares del asesinado. 

El comisario de pesquisas tomó la ropa de don 
Andrés, y registrando los bolsillos, encontró en uno 
de los del pantalón un llavero con cinco llaves. 


á un CALCO 


(CONTINUACION) 


De como desapareció el B*lgo y vina A ser encontrado 
donde menos se esperaba 

Alejémonos por un momento del tugurio en que 
Aurora se refugió después de consumar el asesinato 
de- don Andrés, y volvamos al teatro del crimen, donde 
se había constituido el Juez de Instrucción y el Jefe de 
Policía de Pesquisas, para levantar ei sumario y prac¬ 
ticar las primeras averiguaciones. 

Todos los vecinos del conventillo se apiñaban á la 
puerta del cuarto, curioseando en el interior, mientras 
el Juez verificaba la posición del cadáver y estudiaba 
todos los detalles del mobiliario, dictando a! escri¬ 
biente* En tanto, el comandante Qusjano ? Jefe de Pes¬ 
quisas, tomaba nota de cuanto pudiese ponerlo sobre 
la pista del criminal. 

Atrajeron principalmente su atención unas hebras 
de pelo que conservaba entre los dedos crispados de 
las manos rígidas, el cadáver de don Andrés, detalle 
que daba indicios de que la victima habia luchado con 


una novedad aquella invasión de policianos y agentes 
en el patio, siempre tranquilo, def conventillo. 

De repente se presentó el Comisario de Policía 
de la Sección, que estaba ya enterado de lo ocurrido; 
y dirigiéndose al Gefe de Pesquisas le dijo: 

—Acaba de comunicar á la comisaria el vigilante 
que está de guardia en la esquina de Malionado y 
Tacuarembó, que esta mañana, un perro galgo ha 
mordido á varías personas y que se supone que esté 
rabioso. 

A esta noticia, Quijano llamó al agente de su con¬ 
fianza, y le dijo: 

— Monte a caballo inmediatamente, averigüe bien 
eso del perro y no pare, hasta dar con él, vivo ,ó 
muerto. 

El agente salió á todo 

escape. M 'rfíPw 

El Juez, el Jefe de Pes- _- j ff 

quisas y el comisario, que- ,T 
da ron esperando irnpa- 

Media hora después, 

volvió el agente. El Jefe ¡o JK|L~ u '-Djp 

interrogó inmediatamente: 

diado por dos guardias ci- 
viles* Está herido. 

—/Corno es eso? 

—Fui derecho á interrogar al vigilante apostado 
en la esquina de Maldonado y Tacuarembó, quien 
me dijo que el perro habia aparecido por allí esta 
mañana, y que le habia llamado la atención ver que, el 
animal, iba, venia, corría de un lado para otro, y olía 
el suelo como buscando un rastro. Que unos mucha¬ 
chos habian empezado á tirarle piedras, y que acosa¬ 
do el perro. los habia atropellado, mordiendo á uno 
ó dos de ellos; que, después, habia seguido corriendo 
y había mordido á otras dos personas, siendo perse¬ 
guido por varios transeúntes por considerarlo rabioso* 


el criminal.—Grande íué la sorpresa del comandante 
Quijano al notar que aquel os cabellos parecían de 
mujer, por lo finos y largos, unos cabellos negros, se¬ 
dosos, que complicaban la situación, haciendo deses¬ 
perar al activo agente policial, que veia en aquel 
detalle, algo mas que un crimen común, un drama, 
una venganza de familia, en la cual había habido mas 
de un actor., seguramente: por lo menos, un hombre y 
una mujer, á estar á los vestigios que habían dejado. 

A poco rato, se presentó un comisario de pesquisas, 
el mas acreditado y astuto, el preferido del Jefe, para 
^ todos los casos difíciles. 

^ ra un hombrecillo enjuto, 
\ bajo, lampiño, de rostro 

ySK ■¿^-iSW-CX'' more no, en el cual brilla- 

j / ¿A han dos ojos negros de 

Y\ rí ' ' ! escrutadora. Qui- 

| : %Á í ano habió con él unas po- 
'fe.., ;i cas palabras, lo enteró de 

Jf 1 ^ la situación, le mostró los 

A, B cabellos encontrados en las 

manos del cadáver, y le 
dio todas las instrucciones 

necesarias. 

El comisario empezó i registrar todo el cuarto 
minuciosamente, golpeó las paredes con él cabo del 
látigo, en seguida golpeó una á una las baldosas del 
piso, y notando que una ellas daba un sonido estraño, 
como si tapase ur hueco, se detuvo á examinar pro- 
lijamente las junturas. 

—Esta baldosa ha sido removida, dijo, sin levantar 
los ojos del suelo. 

El comandante Quijano y el Juez se acercaron in¬ 
mediatamente, y comprobaron que, en efecto, la baU 
dosa presentaba señales de haber sido arrancada de 
su sitio. 

—Es preciso sacarla con mucho cuidado, dijo el 
Jefe de pesquisas. 

El comisario salió de la pieza, pidió á uno de los 
vecinos un cuchillo, y volvió en seguida, procediendo 
cautelosamente á levantar la baldosa, que salió sin 
esfuerzo alguno, dejando ver un hueco, perfectamente 


En el fondo dei cajón encontró un pequeño paque¬ 
te, atado con una cinta blanca, y lacrado. Procedió 
en seguida á abrirlo y encontró un estuche, dentro 
del cual se veía, en fino marco de orcq una miniatura, 
un retrato de mujer ¡oven, casi una niña, de grandes 
ojos negros y cabello castaño oscuro—En el reverso 
del retrato, se veía grabado sobre la placa de oro, un 
nombre: Aurora; y mas abajo una fecha: Diciembre u 
de iS6f. 

Ni aquel nombre ni aquella ferha arrojaban luz 
ninguna sobre el crimen, pero el Jefe de Pesquisas, 
con esa intuición peculiar de los que hocen profesión 
de la investigación, comprendió que aquel medallón 
encerraba parte del secreto, y lo guardó cuidadosa¬ 
mente, con la certeza de tener consigo una prenda im¬ 
portantísima para la pesquisa que iba á emprender. 

ES Juez continuó haciendo el inventario de todo lo 
existente en la pieza, en tanto que el jefe de pesqui¬ 
sas mandaba buscar al guardia civil que había estado 
de facción durante la madrugada, en fa esquina. 

Poco después se presentó el guardia civil, un 
gallego como de unos treinta años, con cara de 
sueño, y se cuadró militarmente, haciendo la vénia al 
Jefe. 

Este le preguntó: 

—A que hora entraste de guardia? 

—A las dos de la madrujada, mi cumandante. 


Tomé la dirección qufc el vigilante me indicó, y, de no¬ 
ticia en noticia, fui hasta la calle Constituyente, cerca 
de la estación del tren del Este, donde vf un grupo 
de personas que rodeaban un terreno baldío, donde 


© Biblioteca Nacional de España 









Y'**’ l?:ÍÉtf¡¿. 


Mayor que esta parada filé la que per 
di ayer en el Centro Vascongado jugan 
do á los azules. 


Es negro, se llama José 
Preto, nació en Rio Negro 
y su padre fué carbonero. 


Viendo el desfile de los paisanos. 


© Biblioteca Na 































































54 


CARAS Y CARETAS 



se había refugiado el oerro. Desgraciadamente, en el 
mismo momento que llegaba, vi, sin poder impedirlo, 
que un vigilanta le asestaba un machetazo, é iba ya a 
ultimarlo, cuando le pegue el grito, logrando evitar 
que lo acabase de matar. El pobre animal tenia un 
tajo hondo en el costillar, Lo hice atar con muchas 
precauciones, para que no mordiese a nadie, y lo he 
dejado aJH, custodiado por dos guardias civiles, 

—Pues, inmediatamente,vuelva V. allá—dijo el Jefe 
de Pesquisas—tome el primer carro que encuentre y 
haga llevar el perro, con mucho cuidado, al Instituto 
ant i-rábico que dirije él doctor Persa, donde yo 
estaré. 

Salió nuevamente el agente, y el Jefe de Pesquisas, 
después de tomar algunos apuntes sobre la forma y 
posición de la herida ue don Andrés, se despidió del 
Juez, diciéndole: 

—Mi misión aquí ha terminado por ahora. Voy á 
ocuparme del perro, de cuya salvación depende que 
vayamos directamente á la pista de! asesino. Así co- 
mo dicen que por el hilo 
m se saca el ovillo, digo yo 

/pira ahora, que por el perro se 

/rj'j! dá con el amo. 

VJ/ Dejemos al activo y a s- 
j'TT q_j luto Jefe de Pesquisas 

pfcij f* bjfl continuar las que había 

lMÍ ór v&q iniciado para dar con el 

Jfbf r J¿y Oaj \ asesino de don Andrés, y 

^ volvamos al tugurio en 

donde Aurora y el hombre 
‘ * harapiento van á revelar¬ 

nos algo de la misteriosa trama del crimen perpe¬ 
trado en aquella noche. 

Pero esto será objeto de capítulo aparte, donde el 
lector se horrorizará en el cieno que enlodaba el pa¬ 
sado dei bueno de don Andrés* 

Por Emiíto Gafarían 
Sansón Carrasco, 

(Continuará.) 


e si la tiene el 


empresario, el caso es que los 
húngaros andan por esas calles de Dios perdiendo su 
tiempo, en vez de hacer lo más lógico y conveniente; 
seguir h serie de conciertos que habían empezado á 
llamar la atención, 

Caliuan 


Becqueristna 


Alguna vez la encuentro por las calles 
y pasa junto á mí 

luciendo tantas joyas, que pregunto: 
ué hará para ir asi? 

Luego miro al chaquet que llevo puesto 
y exclamo con dolor; 

¡Tal vez con su joyero haga 3o mismo 
que con rní sastre yo! 

A. Montalban 


Como se os ha anunciado en 
nuestro último número, queridas 
lectoras, soy la encargada do entre¬ 
teneros todas las semanas, hablándoos 
1 esas mil cosas que constituyen vuestra 
Ekidad y que tanto os entusiasman, es 
icir, de trapos, flores, blon las, cintas, 
i una palabra, de todas esas menuden- 


^ j palabra, de todas esas menuden¬ 

cias que os hacen tan lindas y graciosas 

Como es mi deseo contribuir eficazmente á con¬ 
servar vuestra justa reputación de elegancia, ha¬ 
ré todo lo posible y hasta lo imposible, para daros 
una colección completa de nuevos vestidos, de peina¬ 
dos inéditos y de esos mil detalles que son ef com¬ 
plemento obligado de ta elegancia. 

Por el momento, la boga del escocés es completa, 
tan completa, que no creemos en su duración; confe¬ 
semos, sin embargo, que con la armonía de sus colo¬ 
res, constituyen lindos vestidos de paseo. 

Éste, cuyo grabado os ofrecemos hoy, encantado¬ 
ras lectoras, es en extremo original, Es de ve batirte 
gris y seda escocesa á cuadros verdes y azules cruzados 
por hilos de oro. La pollera enteramente recta, va 
entreabierta por detrás, y en las costuras delanteras 
sobre pliegues de seda escocesa, simulando una po¬ 
llera interior. 

La bata de la misma seda termina con una cintura 
que rodea el talle y se anuda detrás* 

El cuello es de guipur crema con largos picos; el 
mismo guipur adornará tas mangas que se harán de 
velón fine. 

Sin cambiar la forma de este traje, nuestras lectoras 
elegirán preferentemente para los géneros, los colores 
que mejor se armonicen con 
el tinte de su cutis* h 

He aquí un bonito sombre- \ V'WV y 

ro, muy sencillo y gracio- f 

so para llevarle con aquel 

Es de paja de Ve necia con 

vaníadas por un nudo de tdr- 
ciopelo verde: sobre el som- 
brero un gran ramo de cía- ^ 

Ya que de París os viene jÉ 
la luz, es t decir, las bellas 
creaciones, las novedades, 

los ricos géneros, permitid- ÍS&"• h||>I 

me hablaros un poco de lo 
que sucede en esta corte de 

la moda elegante, W 

Las parisienses, parecen 
renunciar á inspirarse en 

las modas inglesas, modas _ ...- i 

muy prácticas no obstante, 
pero de corte un poco se- 

Pese á la atiglomanh rei- Í$J í¿¿ 
ríanle, se vuelve insensible- kjaffíí'-i 1 ^ É!¡jtW\ lll!llllllffi 

mente á la práctica de todas ffifW. J.''■' jr '¡| ljf 

las delicadezas femeninas á Jg®j¡; ¡ íé' ; , J»', 
los graciosos adornos y á ios «¡M m¡rP f j M 
folíalas de otros tiempos. ^||ife f f. lil i 

Así, nada de pesado: te- 'ftfcáf 'Vfei 1 'I \\\] 

i idosde bna ' sino ñ id ° s . l¡ - ■ ¡¡K»jM : ¿i 11' 

víanos v su a ve s como las alas M ¡¡ 1 !p t \y. ¡ | i#, j . 

de la mariposa, mucho fou- Wl "p : ■ 1 1 Jj í 
lard color crema con rayi tas J||V ú j& ,. ¡l ijj| '| |j, 

de coral, recamos de punti— \wí}.WÍl ,|¡¡| I 11 
1 [as y de tul bordado, eres- 1 fffli ÍMfy.' '■ /;i|j» í \| 
pones de la China, granad i- || tefe';', '|fi l|| 
ñas, sedas de Pekín ó flori- |!¡Jfc|j¡ ¡ . ! 

das, muselinas de seda gris (¡H) ].$ I ,'¡ I 

de nube, combinados con :«||,y j .!¡¡¡ \ -¡ | ] ¡i 
guipur crema ó ruedos de ','if "iljl’ |¿ 

puntillas malva ó azuleja. |¡Jj|I;,! 1 ' ■', , /¡| | 

Se habla, aunque en voz|i ! ' v" , 

baja, do canutillos de crino-i»h ■ ■; ,‘Í ! 

lina, pero no pensemos en^^.fe- \\ 

el porvenir; el presente per- '’gESó- Y/a 11 
tenece á los vestidos que X- — 


El hombre es débil, no lo niego; soy hombre y me 
reconozco. 

Pero no es nuestra la culpa, sino de ellas de bs 
mujeres. 

Suprimidos esos cincuenta centesimos de peso 
humano, seriamos fuertes. 

Saie un hombre á la calle, y apenas ha puesto el 
pié en ella, vé pasar á su lado una mujer de esas que 
parecen que absorben con los ojos. 

Si el hombre no va muy precipitadamente, se de¬ 
tiene para ver á su gusto á la mujer. 

Si sale para distraerse y pasearse, no la deja pasar 
sin decirla siquiera: 

—^-Porque no he de ser yo e! cólera,para llevármela 
á usted á ta tumba? 

U olro piropo de este gusto ó de género más fino, 
según el hombre sea. 

SÍ ella sonríe nada más, cí hombre no abandona la 
empfcsa y se atreve á continuar los floreos. 

Sí ella responde «gracias», ó cosa parecida, que 
descubra su gratitud, ya tienen ustedes al hombre mas 
loco que una cabra. 

¿Quien puede calcular el fin de una aventura tan 
poética? 

Se casa el hombre (parque aún quedan ejemplares 
de hombres casaderos y valientes). 

Si la mujer es un ángel, no hay marido de bien que 
no la mime, y halague sus gustos, y se complazca en 
declararse publicamente su esclavo. 

Si ella es una fiera, el marido convencido de su 
superioridad tísica, h perdona una vez cualquiera 
insolencia, y dos veces* y aún tres, y asi sucesiva¬ 
mente, has la que se sien le mártir o verdugo casero. 
Esto último, cuando vuelve en sí. 

Se acuesta un hombre de buena voluntad, virgen y 
feliz, y amanece rabiando, 

—Es que en sueños la he visto á ella. 

Ella es Fulaníta, á quien conoce, ó una mujer des¬ 
conocida. 

Desde este momento es el perro de ta incógnita. 
La busca, la mira, la habla. 

Si ella quiere perro, le admite. 

Después, la boda (no creo que puede ser más mo¬ 
ral ni procurar con más interés por el porvenir de 
las muchachas salteras). 

He conocido hombres mansos, convertidos en hé¬ 
roes por ellas* 

El caso contrario es harto conocido en sociedad. 
Caballeros que han dejado de serlo, por ellas. 
Tunantes que se han hecho caballeros, por ellas. 
Viejos rejuvenecidos, jóvenes atropellados y enve¬ 
jecidos, forasteros convertidos en indígenas, indígenas 
expatriados, tontos que se hicieron personas, aparen¬ 
temente, chicos despejados que volvieron tontos, 
y otras mil metamorfosis, y todo por ellas. 

Nosotros no somos sino los monos grandes, que 
sustituimos á los que las sirven para jugaren la in¬ 
fancia. 

También visten á algunos muñecos, pero desnudan 
á los más. 

Y siri embargo, de ser ellas así, yo no dejaré de 
adorarlas mientras me quede un minuto de vida* 
Porque soy débil, como todos los hombres- 
Lo que no debemos nosotros es singularizar este 
afecto. 

Porque queriendo á una sola perjudicamos á otras. 
Esta es otra debilidad, 

Don Juan 


Compromiso salvado 


¿Me pides, Anita, que te haga unos versos? 

Por mas que quisiera, no puedo negarme; 
pues si hoy en mi mente se hallasen dispersos, 
tu sola serias capaz de inspirarme. 

Tus ojos de cielo, que matan mirando, 
despiden alegres tan dulces destellos, 
que van en mi mente los versos filtrando, 
íes tanta ía gracia que tienes en ello:! 

Imitan el oro los grandes raudales 
de rubios cabellos que adornan tus sienes. 

Tu boca la forman dos lindos corales, 

¡que cosa mas linda, la boca que tienes! 

De gracia y de burla, mezclando resabios, 
tus dientes preciosos, cual tímidas perlas, 
se asoman y esconden detrás de tus labios, 
temiendo que alguno pretenda cogerlas. 

Ah i tienes, Anita, los cortos versttos 
que en mi, con tus ojos, has ido inspirando. 
(Cualquiera diria que estaban escritos 
para una modista que estoy conquistando.) 

Perez Ürria 


I J Ya sabrán Sos lectores á estas 

horas que el Poíiteama sigue con 
^ la misma compañía , con Oxilia, 

Kaschmann, !a Gíni, deleitando al 
numeroso público que asiste noche á noche. 

La Gioconda de! lunes fué un éxito por donde qute¬ 
ca que se le mire y especialmente sí se le mira por 
e! bolsillo de la empresa. Mas que cuajado el teatro 
estaba inundado de gente, toda muy pschutt, como se 
ha dado en decir ahora de todas las reuniones. 

El jueves se cantó Fausta y especialmente para 
Kaschmann, aquello fué una victoria—Esta noche se 
pondrá en escena Carmen , la obra inmortal de Bizet, 
habiéndose contratado á este solo objeto á la Pre- 
ziosi que la cantó hace seis años con gran aplauso 
del público—Veremos reaparecer por lo tanto á Doña 
Juanita tnmstita en h bella protagonista de Menmée 
— Cantan con ella Oxilia y Kaschmann. 



© Biblioteca Nacional de España 





depn ver las formas* a hs polleras derechas con 
froufrous de blondas recojidos con cintas, a Ios corpi¬ 
nos cenidosj terminados en pliegues lisos por medio 
de un cinturón. 

Toda la amplitud de los vestidos se halla actual- 
menta concentrada en las mangas y en las golas. 

Si los vestidos se hacen cada vez más sencillos, 
los sombreros, por el contrario, toman formas fantás¬ 
ticas. 

En el próximo número me ocuparé con mas de¬ 
tención de otros detalles no menos importantes de 
la toilette, que 'la falta de espacióme impide des¬ 
cribir en este número* 

Se despide de Vds. hasta el domingo próximo, su 
amiga de corazón y cronista de vanidades. 

Madame Polisson 



Un oso eoamorosé de una burra, 
por lo que su mamá le dió una zurra. 

Be lo cual yo deduzco que lamosas 
son madres en extremo cariñosas. 
Aprendan muchos padres el ejemplo 
de esta verdad tan grande como un templo, 
Don ol progreso actual, que es asombroso, 
ni entre osos está bien hacer d oso, 

Diestbü 



Me encomiando á Santa Rosa, y humildemente, 
con todo el fervor de un alma cristiana, pidoit* que 
por esta vez se muestre risueña y amable con los mi¬ 
seros mortales en general* y especialmente benévola, 
con aquellos que son afectos i !as carreras de caba¬ 
llos, ¡Qué no llueva, por Dios! ¡Reserve para otra 
ocasión, la caprichosa santa limeña, sus nubes lloro¬ 
nas, sus truenos espantables, süs ráfagas amedrenta¬ 
doras y depárenos, en cambio, como primicia prima¬ 
veral, un hermoso día, tibio, templado, con mucho 
sol y con poco viento!— Amen. 

Seria una lástima ver malograda la espléndida fiesta 
hípica de hoy.—E 3 programa es brillante: los mejores 
caballos del pais, entran en lucha. En la primera car¬ 
rera, generalmente reservada á las drogas^ hemos de 
presenciar un hermoso combate entre Delfín í Tnbouki 
y Vengador. Este último, con el peso de gato que 
lleva, puede obtener un triunfo, que sin embargo le 
será difícil. 

Dicen que Gordon se ha mancado, y que por lo tan¬ 
to, no corre. En ese caso, la carrera en ióoo metros 
recobra el interés que tan temible contendiente le 
quitaba. Langlaate t Ca tein ¡n , Ten i en te-, T he Sioger, Ecar- 
té y Belle Lyormaise¿ pueden aspirar á la victoria en au¬ 
sencia de Gérdon. Pronostico en favor de la última, 
si se presenta dificultuosa la partida para Langlaaie. 

La tercera carrera es pan comido^ como vulgar¬ 
mente se dice, para Guerrillero . Lo mismo digo ele la 
quinta, si corre en ella; en caso contrario,mí candida¬ 
to es Centinela , 

El Premio Atldntuía, será sin duda la carrera de más 
interés. Los potrillos importados, vuelven á medir sus 
fuerzas en 1300 metros. Geí lote se destacan cuatro 
favoritos, Aquilea Tyyin, Venado y Esmeralda y y entre 
estos cuatro, el primero es el que mas probabilidades 
cuenta á su favor. Cabídlo ya aguerrido, libero y gua¬ 
po á la vez, con sangre de primer orden en las venas, 
se agiganta en el último tercio de la luchs, como lo 
ha demostrado en repetidas proezas. Tmn no pue¬ 
de ser, á pesar de su ligereza, y debido á su comple¬ 
xión delicada y su estructura demasiado fina, una ri¬ 
val temible para el Aqaites. Puede ocupar, sin embar¬ 
go, el segundo puesto. 

El Siua Charrúa ha retirado en este premio á 
Liropeya y Maquiavelo. Probablemente ha opinado, al 
reves de aquel general de] cuento, que sí un caño¬ 
nazo no alcanza, tampoco alcanzarán dos ni tres. 

A p e sa r d e los 1 tein tisets kilos de ve n ta j a que Sólita ri o 
concede i dos de sus contrarios en el Premio Niágara 
me parece que debe triunfar por sus guapezas, en un 
tiro tan alto. 

Estos son mis pronósticos. Que aprovechen á to¬ 
dos ustedes es lo que desea 

Pío 


CARAS Y CARETAS 


55 



Gomo somes agradecidos por temperamento, 
aunque nos esté mal el decirlo, creemos inútil 
hacer constar nuestro reconocimiento por la 
galante invitación que nos La hecho la prensa 
argentina, a propósito de la manifestación de 
simpatía q ue prepara á la prensa oriental, y 
quo ha de efectuarse en la capital vecina. 

Y bien sabe Dios lo que nos de sos peí a el no 
haber podido acompañar á los colegas que ayer 
siguieron viaje para Buenos Aires, 

Las múltiples tareas que nos agobian en es- 
tos momentos, y que son inherentes k 3a orga¬ 
nización da toda empresa de la índole de la 
nuestra, nos sujetaron los pies al muelle, en la 
tarde de ayer. 

Por fortuna, no estamos sin representación 
¡ r 1 co n t rari o! la ten en ios de p t í tu e r o rd e n, 

Nuestro querido amigo y distinguido cola' 
horadar don Daniel Muñoz, á la vez que iu re¬ 
presentación de su diario, asumiré la de Garas 
y Caretas, en todos los actos públicos que lo 
exijan, 

Pué ofrecimiento expon tú neo que dos hizo, 
al pa 1 * tíd par 1 e n uestru i m posíBiliíJad do ausen~ 
tamos de Montevideo. 


Se anuncia que el Ministerio dé Gobierno vñ 
á sacar á propuesta la confección de trajes de 
vera n o pa ra las p ol i c lm de 1 a Rep úbli Ca. 

¡Quién so encargará de confeccionar Jos 
nuestros! 

4 

—¿Conque se mudó de casa 
en la misma calle usté? 

“Me mudé, os verdad. 

“¿Qué número? 

—Hombre, de cierto no sé, 

“¿Que no lo sabe de cierto? 

—No, porque rae dicen que es 
el 98, y yo 

siempre que lo salgo á ver 
desde la ventana, leo 
el número 86. 


Hablando del espíritu de conti■adición que 
caracteriza á. la mayor parte de las suegras, 
deeia un sujeto; 

—La mía, por contradecir en todo y mar¬ 
char siempre contra 3o natural, nació el Di» 
de Difuntos y murió el día de Resurrección. 

# 

t * 

—¿Pbr quién lleva usted luto, señora? 

—Por un pariente ifejano. 

—¿Primo o tío? 

—No, señor; mi marido. 

—A r Rama usted pariente lejano á su ma¬ 
rido? 

—Sí, señor: estaba en Europa, 


Sé Jo estimamos y ¡viva la prensa argentina! 

* 

* « 

Se casó y le fué mal á Casimiro, 
v, ai fin, se pego un tiro; 
y hastiado de su vida de soltero, 
se cortó la garganta Baldomcro. 

Lector; del justo medio no te pasos; 

¡ni té cases jamás, ni no tocases! 

m 

m m 

Contraviniendo las disposiciones de la Junta, 
los cocheras ejercen públicamente, sin some¬ 
terse á la tarifa. 

Y la autoridad lo consiente, lo cual demues¬ 
tra el poder délos cocheros. 

Ahora ya sé ú qué atenerme; en cuanto ne¬ 
cesite alguna recom en dación gorda para 3a 
Junta ó para el Gobierno, le pido una tarjeta á 
un cochero, y éxito seguro. 

Y cuando necesite tomar un carruaje, lo pe¬ 
diré sombrero en mano, diciendo respetuosa¬ 
mente; 

—¿Quiéra Su Excelencia, trasladarme á la 
cailede tul? 


En la calle de Feraz Castellanos 
se pegaren anoche dos hermanos, 
y en la de Cindadela, 
dicen que un nieto iepegó á su abuela. 

¡En los tiempos presentes, 

ya no puede babor paz ni entre parientes! 

1 

i El 

Dos raspas en Ja calle; 

—¿Has visto como se están poniendo las Cü* 
sns? ¿Has visto qué diarios mas infames? 

—¿Qué han hecho? 

—¿Qué? Excitar todos los úias al Jefe Polí¬ 
tico para que dos prenda. 

—;La prensa está perdida! 



Lo que le pasó ú Rodrigues 
no pasa a nadie en Europa, 
se puso k escribir un drama 
y le resultó una ópera/ 

El día de ía fiesta pá # tria, llamó extraordina¬ 
riamente la atención el tremendo número de 
metal blanco que llevaban en el kepi del nuevo 
uniforme, los guardias civiles. 

En cambio, las Cámaras no pueden celebrar 
sesión ningún día por falta de número. 

¡Qué contrastes! 

* 

* • 

Paco Peco, chico rico, 
insultaba eomomn loco 
4 su tio Federico, 
y él le dijo:—Poco á poco, 

Paco Peco, poco pico. 

* 

* * 

Exámen do sintaxis; 

—Vamos á ver, niño, ¿qué es gustativo? 

—Sustantivo es todo aquello que puede to¬ 
carse. 

—Perfectamente. Ponga V. un ejemplo. . 

—P edro tien e) evi ta. 

—¿Cuál es el sustantivo? 

—Levita. 

—Bien, Otro ejemplo; AE1 tubo está abra¬ 
sando.» ¿Cuál es aquí el sustantivo? 

—Ño le hay. 

—¿Cómo? 

—No, señor, porque si el tubo está abrasando 
no hay Dios que lo toque. 


svi. 3. s, de O.—Saa Fractuoso.-Aiiotados los ochi» 
sftscritores. 

£ir. M. C. —Paysfuidü—Con este mi mera vi el que pide 
vd. de más. 

C?ii‘tidaevinf.o —Montevideo—Muy anticuo su epigra¬ 
ma. ¿No conoce Vd. aquel otro que concluye: 

«Mi mujer hace en tres meses 1 
Lo que otras tacen en nueve?* 

Ti, V.—Caneloraes—lfistá bien; se hará como manda. 

Z. Ib—Sayagó—¿Que si Scluitz es a lemán? No seuof 
es francés, natural de fr’rancía: b indnos que V. no dis¬ 
ponga o iva cosa. 

Rengo —Santa Lucía—He despedazado los Tersos en 
aso de legitima defensa, 

jíi Ta ma rico—M out e video—N o s Ir ven. 

Montevideo—Tampoco las de vd. 

Sátiro— Montevideo—Compuesto ya su artículo, me 
fue imposible darle cabida en este número. Le prometo 
que ira ea el prójimo. 

Arpa vieja—Montevideo—-Le voy b dar gusto: 

«Un día que fui a paseo 
encontré aquella hurí, 
y se enamoró de mí, 
e3 decir, según yo creo.» 

¡Qué bonitos! ¿elu Parece mentira que inspire V. amor 
b ninguna persona decente. 

T. s.—Porongos—¿Y la plata que ofreció mandad No 
es que desconfiemos, es que le ayudamos A recordarlo. 

M. M.—>san Eugenio—Ge remitieron, 

K. V.—Los Mollea—Idem ídem. 


ESPECTÁCULOS PASA HOY 



En la Aguada, según reza un prospecto que 
me acaban de dar, se ha abierto al publico una 
gran fábrica de camisas. 

Aplaudimos la oportunidad de su dueño, 
porque estamos en vísperas de quedarnos todos 
sin camisa. 


TEATRO SAN FELIPE 

La ssrzuela en un acto: el padroV MIjMici- 
PAL-La revista en 5 cuadros: CERTAMEN KA- 
CIOJVAL. 


© Biblioteca Nacional de España 




25 de Maya esquina Cama ras 


3ARAHDI 347 


ZABALA 


Hace calzado á medida, 
á unos precios muy baratos 
y es la casa preferida, 
por ser la mejor surtida 
en botines 7 zapatos. 


Para nacer un buen regalo 
véte á Sienra sin dudar, 
porque Síenra, en su Bazar, 
nunca tuvo nada malo. 


SI te dice un bebedor 
que en la casa de Orejuela 
no existe el vino mejor, 
le puedes decir, lector, 
que se lo cuente úsu abuela 


Fotografía inglesa 

Rincón 176 


P«luqusrlt 

1S de julio núu, B 
Nadie A pelar le aventaja, 
y afeitando es tan artista, 
que al filo de su navaja 
no hay pelo que se resista, 


Uruguay 178 


Es un médico especial, i 
de quien diría cualquiera | 
que ha encontrado la manera 
de hacer al hombre inmortal. 


¿abala 154 

Llevó el martillo & Maeso, 
en campaña provechosa 
y no les digo otra cosa, 
porque es bastante con eso 


Fotografía especial, 
en qne se cópia á la gente 
tan perfec tíeím ámente, 
que parece natural. 


Empresa de Encomien das 

cerrito £07 

La Empresa que te presento 
te ruego, lector, qne atiendas, 
porque hace las encomiendas 
con la ranidez del viento. 


. 


Misione* f IB 


En*eña el piano tan bien 
y la música tan pronto, 
qne en tres meses almas tonto, 
le convierto en Rubistén, 


25 da Mayo 370 


Pasteles y confitura 
y dulces de los mejores 
e n esta casa, señores, 
e s todo vida y dulzura 


Treinta y Trui 216 


25 de Mayo 290 

Reflejan con tanto brío, 
y lanzan tan buena luz, 
que trastornan el sentía 
como dijo un andaluz. 


Las hago tan españolas, 
y con tan buenas maderau, 
que acompañan ellas solas 
para cantar peteneras. 


El que rija La Industrial 
es, como saben, señores, 
el Capitán General, 
de nuestros rematadores. 


Asunción (Aguada ) 


Buenos Aires frente á Solli 


Bacacay 7 

Se pueden lograr tres fines 


Me comprometo á probar 
que mejor que esta cerveza 
no la ha tomado Su Alteza, 
el Principe de Bizmar. 


Dentistas Norle-americano* 

CÁMARAS 163 


Nunca dijerir podrfc 
con facilidad usté. 


üo lograr tres une 

en esta casa, lector: 
beber bien, fumar mqjor, 
y lustrarse los botines. 


con facilidad usté, 
sino toma del cató 
que sirve el Tupi-Nambá. 


Gracias á lo* especiales 
estudios de Prlnce é HUI. 
pueden comer mas de m 1 , 
con sus diente* naturales. 


© Biblioteca Nacional de España